jueves, febrero 6

Esos pequeños dolorcitos



Hay costumbres que en la vida uno no imagina que se pueden adquirir, son esas pequeñas cosas que uno jamás piensa que están, pero que tiene que llegar alguien, tiene que hacerlo y finalmente tu esperas que cada vez que se pueda se haga y te haga sentir increíble.

Esta historia es de aquellas costumbres que nacen del encuentro de dos personas que se aman con locura y que van cada día puliendo su forma de amarse. Fue una noche maravillosa, como todas las que estaban juntos, estaban en la cama de ella, el lugar en donde lo recibía a él y él se sentía maravillosamente bien por estar junto a ella, por sentirla a su lado, por ver su cuerpo cubierto por su sexy camisa de dormir. Ella, que es la que manda en su casa, se puso sobre él y comenzó a seducirlo, como solo ella lo sabe hacer, de una manera exquisita, que lo hacía volar y volar y volar, comenzó a besarlo y recurrió al recurso que ella sabía que a él lo volvía loco. 

Desde que estaban juntos, ella había hecho descubrir a él que habían pequeños dolores que se complementaban con el placer y que eran extasiantes. El principal era cuando ella mordía el pezón de su tetilla, con esos dientes y complementando con su lengua, era algo que a él lo convertía en torito encendido.

Aquella noche volvía a hacerlo, pero como nunca sus dientes apretaron y produjeron un dolor que a él lo descoloco ya que era un dolor que no era el mismo de siempre y que lo desconcentro y lo dejo enfocado en el dolor, ella siguió con su juego dirigiéndose a su miembro, tomándolo con su mano y llevándolo a su boca, sin embargo el seguía concentrado en su dolor y no se atrevía a decirlo. No paso mucho rato antes que ella se diera cuenta que algo pasaba y con su dulce voz le dice “es que acaso ya no me deseas”… ufff después de aquel dolorcito, se clavaba un puñal en su corazón. ¿Cómo no iba a desearle, como le decía que le había dolido?, se lo dijo y la verdad que en un primer momento ella no creyó y el tratando de aplicar su talento trataba y trataba sin mayor éxito, a lo que ella le dice “no te obligues a hacerlo”. En fin después de tan fogosa escena todo se apagaba y se dormían espalda con espalda. 

Llegada la mañana el se ve su tetilla y ve que tenía una pequeña herida que era su diente marcado ahí mismo. Fue un accidente nada mas decía él y ella con culpa decía que nunca más volvería a morderlo…..

Finalmente, cuando el juego del amor desata las pasiones es necesario descubrir los limites para saber hasta dónde llegar, el ya no pude vivir sin sus dulces mordiscos, ella ya lo está mordiendo de vez en cuando.

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